En un entorno donde cada byte de información cuenta y cada transacción financiera puede ser objetivo de amenazas cada vez más sofisticadas, la cultura de ciberseguridad se consolida como un pilar fundamental para las organizaciones del sector financiero.
A lo largo de este artículo exploraremos cifras clave, desafíos propios de la banca, un panorama de amenazas emergentes y las mejores prácticas para transformar la seguridad en un activo estratégico de alto valor.
La necesidad de integrar la ciberseguridad en el ADN corporativo ya no es opcional: es la base para preservar la confianza, cumplir regulaciones y garantizar la continuidad de negocio.
1. Contexto de riesgo y cifras esenciales
El crecimiento de nuevas tecnologías digitales ha traído consigo un aumento exponencial de ciberataques sofisticados. Según el Observatorio Sectorial DBK de Informa, el sector de ciberseguridad en España creció un 70% en ingresos respecto a 2020.
A nivel global, el informe “Global Digital Trust Insights 2025” de PwC indica que el 77% de las empresas aumentará su presupuesto en ciberseguridad este año. De ellas:
Pese a este repunte, solo el 2% de las compañías ha desplegado una estrategia integral de ciberresiliencia. El 88% de los directivos globales y el 93% en España considera medir el ciberriesgo fundamental para priorizar inversiones, aunque solo el 15% de las empresas lo ejecuta eficazmente.
El coste económico de los ataques en España podría superar 20.000 millones de euros anuales en 2025, afectando especialmente a salud, finanzas e infraestructuras críticas.
2. Particularidades del sector financiero
Las entidades financieras son 300 veces más propensas a ser atacadas que otros sectores. En 2024, el 71% de las instituciones estadounidenses reportó un aumento de ataques destructivos, con más de 4.480 intrusiones interactivas. El 79% de estas amenazas fueron sin malware, basadas en abuso de credenciales e ingeniería social.
Tradicionalmente, la banca ha gozado de la confianza del cliente. Sin embargo, el auge de canales digitales, el crecimiento de fraudes y la sofisticación de los ciberdelincuentes ponen en jaque esa ventaja.
La digitalización y el auge de fintechs amplían la superficie de ataque. Modelos como BaaS (Banking as a Service) y ecosistemas colaborativos crean nuevas relaciones con terceros donde la cultura compartida de seguridad y la gestión de riesgo se vuelven imprescindibles.
3. Panorama de amenazas para 2025
El entorno de amenazas evoluciona con rapidez. Las principales categorías son:
- Ransomware y RaaS: profesionalización del cibercrimen con estructuras similares a empresas legales.
- Phishing, spear phishing, vishing y deepfakes: campañas que explotaron la IA para engañar a empleados y clientes.
- Ataques a la nube y brechas en la cadena de suministro: riesgo en terceros y proveedores tecnológicos.
- Amenazas multi-etapa que mezclan fraude tradicional y sofisticación digital.
- Futuro cuántico: posible ruptura de algoritmos criptográficos actuales.
Según PwC, los cuatro principales riesgos globales en 2025 son riesgos en la nube (42%), hackeos y filtraciones (38%), brechas en terceros (35%) y ataques a dispositivos conectados (33%).
4. Construyendo una cultura de ciberseguridad sólida
Una cultura robusta se sostiene en tres pilares esenciales:
- Contexto de riesgo y sensibilización constante: concienciar sobre amenazas y su impacto económico.
- Marco regulatorio y de negocio: alinear cumplimiento normativo con objetivos financieros.
- Componentes internos de cultura: integrar personas, procesos, liderazgo y tecnología.
Para avanzar, las organizaciones deben:
- Asignar responsabilidades claras a todos los niveles.
- Emplear modelos de cuantificación robustos para medir el ciberriesgo.
- Incorporar formación continua y simulacros de ataque.
- Invertir en tecnologías de detección temprana y respuesta automatizada.
- Fomentar el liderazgo visible y el compromiso del consejo de administración.
La colaboración con terceros exige políticas de riesgo compartido y evaluaciones de seguridad periódicas. Asimismo, el uso de métricas precisas y dashboards permite tomar decisiones con base en datos.
5. Impacto y beneficios de una cultura madura
Una cultura de ciberseguridad consolidada aporta:
- Reducción de incidentes críticos.
- Mejora de la reputación y confianza del cliente.
- Cumplimiento eficiente de normativas nacionales e internacionales.
- Alineación de TI y negocio para innovar con seguridad.
De este modo, la ciberseguridad deja de ser un gasto para convertirse en un motor de valor y resiliencia, capaz de proteger activos y oportunidades.
Conclusión
En el sector financiero, la ciberseguridad debe integrarse como un activo estratégico que abarque desde la más alta dirección hasta cada colaborador. La combinación de un marco regulatorio sólido, procesos bien definidos, liderazgo comprometido y tecnologías avanzadas genera una cultura capaz de anticipar y mitigar riesgos.
Solo así las empresas financieras podrán preservar su reputación, mantener la confianza de sus clientes y asegurar un crecimiento sostenido en un mundo cada vez más digital y amenazante.