El cambio climático ya no es un desafío lejano: es un factor decisivo en la salud de los mercados y la estabilidad global. Las instituciones financieras deben adaptarse o enfrentar consecuencias graves.
Por qué el cambio climático es un riesgo financiero sistémico
El calentamiento de 1,5–2 ºC amenaza la solvencia y rentabilidad en peligro de bancos y aseguradoras. Los sectores de energía fósil, agricultura y turismo costero son especialmente vulnerables a eventos extremos.
Este fenómeno actúa como amplificador de pérdidas sustanciales en carteras de crédito y valores. La heterogeneidad regional agrava el reto: países emergentes carecen de recursos para mitigar impactos intensos.
Además, el riesgo climático puede duplicar la probabilidad de impago en zonas afectadas, socavando la capacidad de pago de empresas y hogares, y poniendo en jaque la estabilidad del sistema completo.
Tipología de riesgos climáticos para el sector financiero
Los riesgos se clasifican en tres grandes categorías, cada una con efectos específicos:
- Riesgos físicos por fenómenos meteorológicos extremos como inundaciones y olas de calor.
- Riesgos de transición derivados de la migración a una economía baja en carbono.
- Riesgos de responsabilidad y reputación por litigios climáticos y acusaciones de greenwashing.
Canales de transmisión al sistema financiero
El cambio climático impacta las finanzas por vías directas e indirectas:
- Riesgo de crédito: aumentan las morosidades y provisiones por daños a garantías y pérdida de actividad.
- Riesgo de mercado: revalorizaciones bruscas de activos intensivos en carbono y volatilidad ante anuncios regulatorios.
- Riesgo de liquidez: tensiones por salidas de depósitos tras desastres y cambio de preferencias hacia instrumentos verdes.
Datos y cifras relevantes
Los datos más recientes subrayan la magnitud del desafío:
Del mismo modo, estudios como el de Calabrese et al. (2024) muestran que ciclones y lluvias intensas incrementan el riesgo hipotecario, duplicando la probabilidad de incumplimiento en terrenos inundables.
Marcos regulatorios y respuestas del sector
La Ley Europea de Cambio Climático (2021) fija la neutralidad climática en 2050 y un recorte del 55% de emisiones para 2030. Bajo este marco, los supervisores exigen:
- Evaluaciones de riesgo climático en pruebas de estrés.
- Informes de sostenibilidad alineados con la Taxonomía de la UE.
- Requisitos de capital vinculados a exposiciones altas en carbono.
Bancos y aseguradoras están incrementando la descarbonización de carteras, redirigiendo fondos hacia proyectos verdes e infraestructura renovable. Los mercados de capitales lanzan bonos sostenibles y fondos ESG con crecimiento exponencial.
Oportunidades y retos pendientes
La transición ofrece oportunidades en finanzas verdes, como la financiación de energías limpias, movilidad sostenible y eficiencia energética. Sin embargo, el sector aún enfrenta:
- Falta de estándares homogéneos de medición de riesgos climáticos.
- Brecha de datos fiables sobre exposiciones y vulnerabilidades.
- Necesidad de fortalecer capacidad técnica en instituciones emergentes.
La innovación financiera crecerá junto con soluciones de captación de carbono, seguros paramétricos y mercados de futuros climáticos. Estas herramientas permitirán gestionar las incertidumbres y escalar la resiliencia.
Conclusión: hacia un futuro resiliente y sostenible
El sector financiero se encuentra en una encrucijada. Si asume su papel de mitigador del shock climático, puede canalizar recursos hacia una economía verde y robusta.
Adoptar metodologías estandarizadas, invertir en tecnología de datos y colaborar con reguladores será esencial. Sólo así la comunidad financiera cumplirá su misión de impulsar el crecimiento y proteger el planeta para las generaciones futuras.